Historia

Recuento de la evolución de la comunicación

Si un libro hubiese sido creado unos milenios antes de Cristo, una adición en aquel entonces, habría durado mil años sin necesidad de ser revisada. Actualmente, una edición es publicada cada unos cuantos años.

Para poder ponerla en perspectiva, imaginémonos que la historia de la comunicación humana pudiera comprimirse en un período de 24 horas. El día empezó a la media noche; y había lenguaje. L a oscuridad dio lugar al amanecer, y alrededor de las ocho, un dibujo burdo apareció en el muro de una cueva. La mañana transcurrió sin ninguna revolución en las comunicaciones; la tarde pasó también sin hechos sobresalientes. Al atardecer, los únicos medios de comunicación eran el habla y algunos trazos en cuevas.

Sucede alrededor de las ocho de la noche. Es el año 4000 a.C., el lugar es Sumeria, el acontecimiento, la invención de la escritura. En otras palabras, nosotros los humanos hemos pasado cinco sextas partes de nuestra historia sin palabras escrita. La escritura es, en sí misma, una recién llegada al escenario de la historia.

La noche en la historia de la humanidad da muestras de actividad. Cuarenta minutos después que los sumerios, los egipcios diseñan jeroglíficos, y el alfabeto hace su aparición alrededor de las 9:30. Homero escribe a las 10:00 su Ilíada. Pero, ¿qué hay de la revolución de los medios de comunicación? El día casi ha terminado.

La Biblia de Gutenberg aparece veinte minutos antes de que el día muera, ¡pero qué veinte minutos! El telégrafo aparece a las 11:53 y el teléfono a sólo dos minutos más tarde. ¡Quedan cinco minutos! El fonógrafo se presenta en el panorama cuando ya ha pasado el 99% del día. Ahora cada segundo cuenta.

11:55:47 Thomas Edison proyecta una película en su “Negra María”.

11:56:48 Cientos de personas reunidas en Pittsburgh alrededor de unos aparatos receptores, escuchan la primera transmisión pública por radio.

11:57:04 Una película llamada El Cantante de jazz sorprende al auditorio con el sonido de una voz humana.

11:57:52 Se inventa un objeto extraño llamado transistor, sólo 12  segundos después de la primera computadora.

11:58 Se introduce la televisión a color.

Este artículo fue escrito al sonar la media noche. Piense en él como en un libro de historia que abarca 120 segundos. A partir del momento en que usted empezó a leer este prefacio, alguien, en alguna parte, inventó una nueva tecnología que dejará su huella a las 11:59:59.

Tomado de : Schrank, J. (1993). Comprendiendo los medios masivos de comunicación. 3ª ed. México: Publics, 2989, xiv, 313p.: il.
Se realizaron ciertas modificaciones del texto original.

Reflexiones sobre los medios de comunicación de masas en la Europa moderna

Para contribuir al largo debate sobre la revolución de la imprenta y las consecuencias que ésta tuvo, es importante remarcar que la imprenta no debe ser analizada como un hecho aislado. Tanto para la época moderna como para la actualidad, la estrategia más efectiva e iluminadora es la de estudiar los medios de comunicación de masas en bloque, como un sistema las partes constituyentes del cual están constantemente interactuando. En la época moderna, esto implica que necesitamos considerar la interacción entre la comunicación oral, la comunicación manuscrita y la comunicación impresa. En el caso de los manuscritos e impresos, necesitamos analizar la interacción entre la comunicación visual y la comunicación textual como ha hecho Peter Wagner en su estudio de lo que ha dado en llamar «iconotextos», esto es, mensajes que combinan palabras e imágenes tal como lo hicieron muchos de los primeros impresos.

Las reflexiones siguientes van a centrarse en la oralidad, los manuscritos y los impresos.

La comunicación oral ha sido tratada conjuntamente con la manuscrita y la impresa en algunos libros recientes, de entre los que destacan el análisis de la América colonial de David Shields y el volumen sobre la Inglaterra moderna de Adam Fox. Shields, por ejemplo, ha emplazado la poesía en el contexto de la sociabilidad, remarcando que, a menudo, los poemas eran compuestos para ser leídos en voz alta a las amistades3. Un segundo tema que se ha debatido recientemente es el del rechazo de la tradición oral por parte del mundo académico de la época moderna. La tradición oral ha perdido importancia en la actualidad, sin embargo, ha sido considerada como una fuente incuestionable para los estudios sobre el pasado.

Un tercer tema que continua atrayendo la atención de los estudiosos es el del «descubrimiento» de la cultura oral que se hizo a finales del siglo XVIII como parte del descubrimiento más genérico de lo primitivo y lo popular5. Mis aportaciones al descubrimiento de la cultura popular se remiten al libro que publiqué en 1978, pero, en la actualidad, debo reconocer que no dediqué la atención a la oralidad que han dedicado otros autores como Robert Wood, cuyo Ensayo sobre el genio original de Homero (An essay on the original genius and writings of Homer) enfatiza el analfabetismo del vate.

Una interesante y reciente idea es la de que la revaloración de la oralidad rimada por parte de los intelectuales del siglo XVIII fue una respuesta a la marea de impresos baratos. A medida que las tradiciones orales fueron percibiéndose como amenazadas, fueron cada vez más apreciadas. Por ejemplo, Tomás Percy, famoso por sus estudios sobre las baladas orales, detestaba las versiones impresas de las mismas que circularon en su tiempo y catalogó a su colección como «reliquias», en el sentido de objetos dignos de veneración, toda vez que despojos parciales del pasado. De una manera similar, otro estudioso dieciochesco de las baladas, José Ritson, en sus Canciones escocesas (Scottish songs) de 1794, describe estas baladas como «reliquias de genios desaparecidos». Wood, Percy y Ritson estudiaron la tradición oral mediante los manuscritos.

Los manuscritos de la época moderna han continuado atrayendo a estudiosos del mundo académico —son conocidos los casos de Fernando Bouza en España y de Mario Infelise y Brendan Dooley en Italia—. Estos recientes estudios son ricos en detalles nuevos y fascinantes. Dooley, por ejemplo, ha descubierto que la biblioteca de un monasterio benedictino de la Roma del siglo XVII prestaba libros prohibidos y entre los que acudían a beneficiarse de tal servicio se incluían un censor oficial y diversos escribanos profesionales.

Por lo que respecta a interrogantes más genéricos, los nuevos análisis han solido confirmar los argumentos de Harold Love y otros estudiosos conforme los manuscritos eran medios flexibles —interactivos, diríamos hoy— de comunicación, a través de los cuales los escribanos se permitían amplificar, suprimir o adaptar de cualquier otra manera los textos que copiaban para ajustarlos a sus propias intenciones. Así se explica que un análisis reciente de los manuscritos filosóficos clandestinos de la Ilustración los describa más como una macedonia de textos que como una copia fiel.

Otra cuestión destacada ha surgido a partir de un estudio reciente sobre El Cairo en la época moderna. Hace más de medio siglo, el historiador americano Louis B. Wright se refirió al ascenso de lo que él llamaba «la cultura de la clase media» en el Londres isabelino. Tal cultura se basaba en libros publicados en la lengua vernácula, opuestos a las obras en latín vinculadas a la alta cultura y a la cultura oral del pueblo. De manera similar, Nelly Hanna argumenta que una cultura urbana o la cultura de la clase media se desarrolló en El Cairo sin el apoyo de la imprenta, gracias al hecho de que los manuscritos eran baratos.

Por otro lado, el debate sobre lo que se ha dado en llamar «la revolución de la imprenta» continúa, tal y como lo demuestra la polémica entre Elizabeth Eisenstein y Adrian Johns en el número correspondiente al año 2002 de la American Historical Review. En la polémica, se han reiterado posturas anteriores sobre la importancia relativa de la estructura de las empresas o sobre la fluidez y el inmovilismo de las mismas. Pero, ¿se aportó alguna novedad al debate?

Para empezar, el debate ha problematizado el concepto de «cultura impresa».

Este término es una simplificación conveniente que abraza un conjunto de fenómenos interrelacionados, pero, aun así, es un término peligrosamente vago. Tan vago como «cultura de la violencia», «cultura del miedo», «cultura del mérito» y tantas otras expresiones acuñadas, aproximadamente, en los últimos veinte años en el mundo anglosajón. Eisenstein, a quien se debe la expresión «cultura impresa», ahora se lamenta de que se ha usado en tantos contextos que, virtualmente, ha perdido su significado original.

En segundo lugar, el debate sobre la «revolución» de la imprenta se ha ampliado hasta enfatizar sobre las vías a través de las cuales la invención de la imprenta fue percibida, en la misma época moderna, como un evento que había de tener consecuencias de extraordinaria trascendencia. Así, se escribieron poemas dedicados a conmemorar el cincuentenario y el centenario de la invención de la imprenta, que se situaban en 1490 y 1540, respectivamente. En 1640, una feria de impresores celebrada en Leipzig, como si de un jubileo tipográfico se tratase—de hecho se convoco así, como jubilaeum typographicum—, celebró el bicentenario de la invención de la imprenta. La historia de la imprenta de Mallinckrot se publicó en 1639 con ocasión de este bicentenario. De manera similar, la Historia de los orígenes y de los primeros progresos de la imprenta (Histoire de l’origine et des premiers progrès de l’imprimerie), de Próspero Marchand, se publicó en La Haya en 1740 para conmemorar el tricentenario de esta nueva tecnología.

La cuestión del inmovilismo de los textos impresos se halla todavía en entredicho. El mayor peligro es el de idealizar la fluidez textual, por reacción contra las tesis simplificadoras de la generación de historiadores que nos antecedió. En la actualidad, se nos recuerda constantemente que cada copia de un libro impreso en la época moderna era diferente a causa de continuas correcciones en su contenido.

Por lo que respecta al inmovilismo lingüístico, incluso el famoso Diccionario de la Academia Francesa de 1694, que se suponía diseñado para fijar unos patrones ortográficos homogéneos, deletreaba las mismas palabras de diferente manera a lo largo de sus páginas, dependiendo de quien las hubiese elaborado.

Tomado de: http://ddd.uab.es/pub/manuscrits/02132397n23p21.pdf  Peter Burke. Emmanuel College. University of Cambridge. St. Andrew’s Street, Cambridge CB2 3AP, UK
 
 

Historia de los medios de comunicación masiva

La historia de la comunicación se remonta a los orígenes de la humanidad, pero a partir del desarrollo de los medios impresos, numerosas transformaciones han revolucionado el modo en que los seres humanos comparten sus pensamientos.Al pensar en las características particulares de cada Medio de Comunicación Social, observamos que éstos tienen características semejantes más allá de la diversidad cultural. Podemos decir que los medios de comunicación constituyen un fenómeno global que, más allá de algunas diferencias naturales, trasciende las diferencias particulares de las distintas sociedades.Para iniciar el estudio de los Medios de Comunicación Social desde un punto de vista histórico, resulta necesario realizar esta revisión desde cuatro aspectos:1. La tecnología 2. El entorno socio-político 3. Aspectos económicos y comerciales 4. Realidad cultural: actividades, funciones y necesidades de una determinada sociedad.La tecnología es, desde ya, una base sin la cual los Medios de Comunicación Social no serían posibles, sin embargo, esta no es suficiente para que un medio adquiera presencia y se imponga en una sociedad. El contexto social y político constituirá un marco que regulará y dará a cada Medio de Comunicación Social una fisonomía particular. Los aspectos económicos son también importantes ya que es necesario establecer de qué manera se financiaría este nuevo fenómeno/servicio dado que su existencia siempre supone un costo. Finalmente, el entorno cultural cuya transformación surgirá como una consecuencia de los Medios de Comunicación Social. El fenómeno de la comunicación social permitió el estímulo y satisfacción de necesidades latentes en el seno de la sociedad.

Los libros

En su uso, el libro se percibe como un conjunto de contenidos distintos e innumerables, a la libre elección y utilización de los individuos. El suministro no está controlado abiertamente, aunque las librerías, las bibliotecas, los colegios y las familias desempeñan un papel. El libro es bastante independiente del lugar y del tiempo en cuanto al uso, y su contenidos también está poco constreñido por el tiempo histórico y el espacio geográfico. En cuanto a la segunda gran dimensión, la política, el libro está frecuentemente asociado con la libertad, aunque su potencialidad para la disidencia esté sujeta a limitaciones, goza de una especie de “aura” política, pese a ser escasos los libros que han tenido una importancia política directa. Además., por mucho que la principal orientación del contenido de los libros sea el entretenimiento y la fantasía, en el caso del libro predominan las asociaciones con la realidad, la moralidad, el arte y lo serio, más bien que lo contrario. En la dimensión de las relaciones sociales, la lectura es una actividad solitaria, pero que se presta a una gran participación y a una sensación de adhesión vicaria al autor, pese a que lo habitual sea la lejanía tanto en el espacio como el tiempo entre el autor y el lector. El libro no suele asociarse con el barrio ni con la localidad, sino con la nación o con alguna entidad mayor; con frecuencia es internacional o carece de localización social determinada. Organizativamente, la imagen del libro da “prioridad al mensaje”, es “tecnológicamente baja” y está muy asociada con una profesión concreta, la de escritor, por muy mítica que sea tal profesión (McQUAIL, Denis, Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós Comunicación, Barcelona, 1983).

La historia de los Medios de Comunicación Social modernos comienza con el libro impreso el cual fue desde muchos puntos de vista una revolución. Sin embargo, la impresión de libros inicialmente no fue más que una técnica capaz de reproducir en serie textos antiguos. Más tarde y lentamente comenzó a producirse un cambio de contenido: aparecen aspectos más prácticos y populares, de la vida secular, panfletos políticos y textos religiosos en lenguas vernáculas. El mundo medieval comenzaba a transformarse y la difusión de la imprenta jugó un papel muy importante en esta modificación que se produjo en la sociedad.

La prensa

El periódico es individual e independiente del tiempo y del espacio dentro de unos límites, pero difiere de todos los demás puntos, en cuanto al uso, del libro. El contenido no es unitario sino múltiple (el modelo des supermercado) e históricamente muy concreto y perecedero, y el suministro está muy dirigido y organizado por otros (la organización de la prensa). Su situación con respecto a las dimensiones de la libertad y control es similar a la del libro, pero el periódico es mucho más relevante para el poder estatal, dada la preponderancia de los contenidos políticos. La norma dominante es que el periódico debe ser libre y la imagen que tiene de sí mismo es de potencial oposición a la autoridad, al margen de cual sea la realidad cotidiana. Su definición en término de valores culturales y morales es ambigua prácticamente en el mismo grado que la del libro, lo que refleja los dos grandes modelos de periódicos: los de élite o de partido, por una parte, y la prensa popular o de bulevar, por otra. El primero se orienta hacia lo real, lo moral y serio, aunque no tiene la imagen de arte. Incluso los periódicos populares rinden pleitesía aparente a su orientación hacia la realidad, sin lo cual no podrían pretender crear su opinión ni ser auténticos diarios. La definición de periódico en la dimensión de las relaciones sociales diverge curiosamente de la del libro. La lectura del periódico es una actividad individual, pero pública, que tiene lugar en cafés y lugares públicos tanto o más que en las casas, de modo que constituye una especie de puente entre lo privado y lo público. Por lo demás, es muy variable, según las distintas formas. Puede ser un pilar de la firme adhesión a la localidad, la región o la nación. Pero la imagen predominante es la de un vínculo laxo, en concordancia con el carácter de servicio funcional y “secular” del periódico moderno. Al igual que el libro, el periódico da prioridad al mensaje, por distinto que sea el contenido, y la actual tecnología avanzada que se utiliza en la producción de los periódicos en realidad no ha alterado su imagen de “baja tecnología”, creada probablemente hace uno o dos siglos. El status profesional del periodista es bastante incierto, pero tiende a centrarse en la idea del reportero en busca de noticias. Lo borroso de la definición profesional tiene cierto fundamento en la realidad y también en la complejidad del mundo de la prensa (McQUAIL, Denis, Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós Comunicación, Barcelona, 1983).

Desde el desarrollo de la imprenta en Europa, hasta el nacimiento de los periódicos tal como los concebimos en la actualidad, transcurrido más de dos siglos. En realidad, contrariamente a lo que naturalmente se supone, el libro no es considerado un antecesor directo del periódico, el principal precursor parece haber sido la carta: específicamente, las cartas informativas cuya misión era anunciar acontecimientos importantes para el tráfico y el comercio internacional, circulaban por un aún rudimentario servicio de correos.Los primeros periódicos, tenían en común las siguientes características: 1.Frecuencia regular de publicación / 2.Objetivos comerciales: se sostenían a través de la venta / 3.Finalidad del contenido: 3.1. Información 3.2.Documentación 3.3.Publicidad 3.4. Entretenimiento / 4.Carácter público / 5.Desconexión con fuentes identificables (excepto periódicos oficiales).

De alguna manera, podríamos afirmar que el periódico ha sido más innovador que el libro impreso ya que produjo el nacimiento de una nueva forma literaria, social y cultural (el discurso periodístico) aún cuando en el momento en que este proceso se iniciaba no fuera percibido como algo tan diferenciado.

La prensa y el poder político

Desde un principio, la prensa ha sido un adversario real o potencial del poder establecido, aunque desde el punto de vista del estado y de los intereses creados más que desde la realidad. En la historia de la prensa hay acontecimientos en los qué hubo enfrentamientos con el poder: medidas contra editores, directores y periodistas.

La prensa y los sectores populares

El desarrollo de la prensa comercial ha permitido a las clases populares el acceso a la información. No obstante, en la evaluación de este hecho deberán considerarse también otros factores como las mejoras tecnológicas, la alfabetización y la reducción de precios.Cabe destacar que la penetración de la prensa en los sectores alejados de las clases dominantes se produce en la mayor parte de los casos después de la 1ra. Guerra Mundial.

La prensa y la élite

Se denomina fase “alto burguesa” al período que va desde mediados del siglo XIX hasta fines del siglo XX. Esta etapa fue el resultado de diversos acontecimientos y circunstancias que culminaron con el asentamiento de una clase capitalista conformada por profesionales.Los principales rasgos de esta prensa “elitista” fueron: 1. Independencia formal del estado y de otros grupos de interés 2. Aceptación de la prensa dentro de la estructura social 3. Institución prominente de la vida política y social 4. Fuerte conciencia de responsabilidad social y moral 5. Nacimiento de la profesión de periodista.

La prensa comercial

La prensa de masas o prensa “comercial” se caracteriza principalmente porque:1. Es aprovechada como un negocio comercial rentable.2. La publicidad aparece como medio de financiación: el aviso publicitario tiene un costo que aumentará en proporción directa con la cantidad de lectores. Esto permite una reducción del precio de cada ejemplar lo que permite incrementar a su vez la demanda del periódico. El costo de la edición ya no es transferido a los lectores sino a los anunciantes.Podemos afirmar que surge una nueva clase de periódico como consecuencia de la comercialización: más ligero, más entretenido y también, más sensacionalista. Surge la atención hacia los casos policiales, los escándalos públicos, la vida privada de las estrellas y otros asuntos similares, que son comunes para nosotros porque continúan hoy en día.Lo destacable de esta etapa es que una enorme masa de lectores accede a la información y se interesa en ella, incluyéndose en ella sectores de bajos recursos y de menores posibilidades educativas.

El cine

En cuanto a la experiencia en el uso, el film/cinema sólo es comparable a la lectura en el sentido de que elegimos las unidades individuales de contenido: las historias fílmicas. Por lo demás, la situación difiere en lo tocante al suministro, que es limitado y se halla controlado por otros, en la naturaleza colectiva o social de la experiencia cinematográfica y en el alto grado de determinación espacio-temporal. No obstante, el repertorio cinematográfico tal vez comparta algunos rasgos con la literatura al distanciarse con frecuencia de sus determinantes espacio-temporales. Estos elementos de la definición del film/cinema están sufriendo cambios muy rápidos con la difusión de las videotecas particulares y las filmotecas, la gran cantidad de películas que pasa la televisión ha desfigurado ya la definición para las generaciones post-televisivas. El cine comercial nunca ha estado en realidad enteramente libre de control ni tampoco se ha considerado una amenaza política para la sociedad. Resulta bastante fácil de controlar, da6da la complejidad de la producción y las exigencias de la distribución. A veces da la sensación de optar por el conformismo, aunque tal vez no más que otros medios de comunicación. No suele considerarse próximo a los centros del poder político de la sociedad y su imagen tiende a ignorar o subvalorar el potencial político. EN la dimensión de los valores culturales y morales, el cine pertenece más que nada a la esfera de la fantasía, de lo no-moral, de lo no-artístico y de lo “divertido”. Su potencial documental y sus relaciones con la experiencia real, si bien son evidentes dentro de espectro de sus contenidos, tienden a subordinarse a la generalizada asociación con lo exótico y, actualmente, tal vez con lo erótico. Las connotaciones de escapismo, glamour y estrellato se crearon desde muy al principio de la historia del cine y todavía parecen predominar. Como se ha señalado, ir al cine suele ser una actividad social o de grupo y se considera que favorece un alto grado de participación personalen situaciones de ficción y de identificación con las estrellas y los protagonistas. En este último punto, existe cierta similitud con la lectura, pero por lo general falta la sensación de contacto con el autor o escritor, en parte como consecuencia, sin duda, del “star-systen” y de la naturaleza colectiva de la producción cinematográfica. Por lo que se refiere a la otra gran subdimensión de las “relaciones sociales”, es obvio que las películas no tienen asociaciones locales; se sitúan en el nivel nacional o en el internacional, o bien carecen por completo de tal localización. Desde el punto de vista organizativo, el acento no recae tanto en el mensaje como en la producción, que conlleva enormes capitales y suele recibir gran publicidad. Pese a su complejidad técnica, el film no tiene imagen de “alta tecnología”, pero el mundo del cine contiene elementos misteriosos y remotos (McQUAIL, Denis, Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós Comunicación, Barcelona, 1983).

El cine nación a fines del siglo XIX y surgió como una novedad tecnológica, pero lo que ofrecía, apenas era nuevo por su contenido o por su función. El cine utiliza un nuevo recurso técnico para elaborar una antigua tradición del espectáculo: dramatizar historias, presentaciones musicales, humor y diversos trucos técnicos orientados al consumo popular.De alguna manera, se puede decir que el cine surge como respuesta a las necesidades creadas por el “tiempo libre”. Por otra parte, el cine representa una alternativa de entretenimiento relativamente accesible a sectores de menores recursos. En otras palabras, entretenimiento económico para poder disfrutar en familia de un nuevo tiempo libre. Características que tuvieron importancia en el desarrollo del cine En primer lugar, el tradicional mundo del espectáculo se adecua a una nueva tecnología que satisface las necesidades de un mercado en expansión. En segundo lugar, el cine será utilizado como recurso propagandístico, esto surge como una consecuencia directa de la naturaliza misma del discurso cinematográfico, ya que este se caracteriza por: 1. Imágenes realistas (que se suponen reales aunque sean ficción) 2. Gran impacto emocional 3. Alta popularidad. Estas características hacen posible la combinación de un mensaje didáctico con un entretenimiento, en otras palabras, la intencionalidad manipuladora se disfraza detrás del show.Pero también aparecerá otra línea de desarrollo y ésta será la que le dará al cine el rótulo de séptimo arte: la aparición del cine artístico. Finalmente, no podemos dejar de mencionar el nacimiento del cine documental que iniciaba la tradición vinculada a la función educativa-formativa hoy tan elaborada por algunos medios audiovisuales.

La influencia de la TV y de Hollywood

El cine cambiará definitivamente como consecuencia del desarrollo de la televisión, pero no fue menos significativa la influencia de la industria cinematográfica norteamericana. Esto puede explicarse como un fenómeno de homogenización cultural y del predominio de una única definición de lo que hoy se entiende por cine y de lo que su mundo significa.Puede pensarse no sin razón que la televisión ha capturado gran parte del público que pertenecía al cine. También la TV se ha quedado con la producción de documentales ya que estos se adecuan más a sus características. Sin embargo, lo artístico sigue estando más vinculado al cine que a la popular televisión.

La radio

Aunque en un principio “carecía de contenido”, la radio ha merecido más de una definición a lo largo de sus sesenta años de existencia como medio de comunicación de masas, sobre todo a causa de los azares de su competencia con la televisión. En cuanto al uso, ha pasado de ser una forma de entretenimiento individual a serlo familiar, para volver a ser un instrumento individual adaptado a determinadas funciones, especialmente entre los jóvenes. También se está definiendo más que nunca como un acompañamiento de fondo habitual, una actividad difusa, a cuyas concretas unidades de contenido se les concede relativamente poco peso específico. Su uso es bastante independiente del lugar y del momento, pero el contenido está organizado por otros (pese al cada vez mayor número de emisoras entre las que elegir) al tiempo que es “de actualidad”, y por lo tanto perecedero: consiste sobre todo en noticias y música del día. El lugar de la radio dentro de espectro político es variable, pero el uso que predomina en la mayoría de los países no es muy político. Aun así, tiene algunos usos políticos y suele estar sometida a regulaciones en las cuestiones que afectan a la política. Un elemento secundario de esta imagen la relaciona con las nociones de libertad y represión: atraviesa las fronteras con mayor facilidad que otros medios de comunicación, puede operar desde la ilegalidad, como la prensa, y cada vez se presta más a la comunicación a corta distancia entre individuos sin normativa legal. En relación con los valores culturales y morales, la radio ocupa un lugar intermedio entre el polo de la “realidad” y lo “serio” y el opuesto, lo que refleja un equilibrio más o menos equitativo entre información y entretenimiento. Con respecto a las relaciones sociales, su definición ha cambiado a lo largo del tiempo, conforme ha ido siendo cada vez menos un medio de comunicación de masas y se ha convertido cada ve más en múltiples canales con menor organización. Unida al teléfono, se ha vuelto cada vez más interactiva y tiene posibilidades de operar y opera en todos los niveles de la organización social, desde el contacto entre grupos hasta el internacional. Considerada en función de los criterios de su imagen organizativa, la radio parece caracterizarse predominantemente por ser un medio de distribución de “baja tecnología”, sin misterio y carente de auténtica definición profesional (McQUAIL, Denis, Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós Comunicación, Barcelona, 1983).

La televisión

La televisión comparte algunas de estas características definitorias, pero es taxativamente distinta en varios aspectos. En cuanto al uso, sigue siendo un recurso más bien familiar que individual. En cuanto al uso, sigue siendo un recurso más bien familiar que individual, y sigue estando muy constreñida en el espacio y el tiempo. También en este caso la situación cambia rápidamente debido a la difusión de los videos y el aumento del número de televisores por familia. Políticamente, la televisión es muy sensible, está muy próxima a los centros de poder estatal y social y es objeto de control y regulación. No existe virtualmente noticia de que la televisión se haya utilizado para la acción o resistencia política de manera que debe ser el medio de comunicación menos revolucionario de la historia. La estrecha supervisión ha dejado su huella en la definición de la televisión con respecto a los valores culturales y morales. Al igual que la radio, ocupa una posición intermedia atraída en dos direcciones: hacia lo real y lo serio por algunas de sus propiedades intrínsecas y por el objetivo social asignado, pero también atraída en la dirección contraria por las distintas demandas de sus públicos y por buena parte de la cultura que ha entresacado del cine, el teatro, el espectáculo, las novelas, el mundo de la música popular y la industria del deporte. En general no se reconoce que en lazos fuertes o profundos con su audiencia, si bien se da una gran proyección e identificación con estrellas y personalidades concretas. En cuanto a su localización social, es menos localizada y más internacional que la radio, pero más nacional que el cine. Organizativamente, retiene una imagen de “alta tecnología”, que probablemente perdurará hasta que la televisión hecha en casa sea tan habitual como películas caseras. Es difícil localizar su “prioridad organizativa”, puesto que el mensaje, la producción y la distribución parecen reclamar igual importancia (McQUAIL, Denis, Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós Comunicación, Barcelona, 1983).

Tanto la radio como la televisión representan parte de la historia reciente de los Medios de Comunicación Social. En ambos casos surgen como aplicaciones de tecnologías ya existentes: el teléfono, el telégrafo, la fotografía y las grabaciones sonoras. Aunque, naturalmente existen numerosas diferencias entre la radio y la TV, su origen permite, en este caso, analizarlas de modo conjunto.La radio fue, en sus orígenes, una tecnología e busca de una utilización práctica más que un invento a partir de una necesidad. Y esta sea tal vez la diferencia más importante entre la radio-teledifusión y otras tecnologías de la comunicación desde el punto de vista histórico: fueron pensadas y diseñadas como sistemas de transmisión en abstracto sin reparar en la naturaleza de su contenido. En otras palabras, la radio fue primero una tecnología y sólo tiempo después se configuró como un servicio. La televisión fue, inicialmente un juguete, una novedad, una curiosidad, sin advertir el importante papel que desempeñaría más adelante.Pero quizá la principal innovación formal común a la radio y a la televisión haya sido la descripción y presentación en directo de los acontecimientos mientras estos ocurren. Esto marca una diferencia fundamental entre los medios audiovisuales y los gráficos: mientras que los primeros enfatizan la inmediatez, los segundos predisponen a la evaluación y al análisis. Otro elemento común para la radiotelevisión es el alto grado de regulación que las autoridades han establecido sobre éstos, lo cual ha sido principalmente a causa de necesidades técnicas (limitaciones del espectro radioeléctrico, superposición de frecuencias).

Tomado de: http://comunicacion.idoneos.com/index.php/Historia_de_la_comunicaci%C3%B3n

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